Noelia Samartín: La Bienestar, una Exigencia Injusta en la Vida Moderna

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La psicóloga Noelia Samartín nos invita a reflexionar sobre la creciente presión en torno al bienestar en la sociedad contemporánea. A pesar de la abundancia de consejos para una vida sana y equilibrada, muchas personas se sienten cada vez más agotadas. La experta sostiene que el bienestar se ha convertido en una exigencia constante, una meta a alcanzar en lugar de un estado natural de equilibrio. Esta visión nos lleva a cuestionar nuestra valía cuando no logramos cumplir con los estándares impuestos, ignorando las limitaciones y el contexto de nuestra vida real. Samartín subraya que el verdadero autocuidado debería ser una práctica flexible y adaptada a las necesidades individuales, lejos de la rigidez de una lista de obligaciones.

Además, la especialista aborda cómo el discurso de 'si quieres, puedes' en salud mental resulta perjudicial, al no considerar el impacto del entorno y las circunstancias personales. Destaca que la sociedad actual, con su ritmo frenético y expectativas elevadas, mantiene nuestro sistema nervioso en un estado de hiperalerta constante, lo que conduce al agotamiento crónico. En este escenario, el descanso se criminaliza y el placer se vive con culpa, relegándolos a ser meras recompensas tras un esfuerzo sobrehumano. Samartín insiste en la importancia de escuchar las señales del cuerpo, no como debilidades, sino como indicadores de desajustes que requieren atención y un enfoque más humano hacia nuestro propio bienestar.

El Bienestar como Exigencia: La Trampa de la Perfección

En la actualidad, el concepto de bienestar ha sido cooptado por una narrativa de rendimiento, transformándose de un estado deseable a una obligación más en nuestras vidas. A pesar de la constante exposición a consejos sobre hábitos saludables, como dormir mejor, comer de forma consciente o meditar, la realidad es que muchas personas se sienten abrumadas y exhaustas. La psicóloga Noelia Samartín critica esta mercantilización del bienestar, que lo convierte en un proyecto de productividad personal. Cuando no logramos cumplir con estas idealizaciones, en lugar de cuestionar el modelo, nos autoculpamos, generando una espiral de autoexigencia y frustración. La especialista argumenta que el verdadero autocuidado debería ser contextual y flexible, adaptándose a nuestras circunstancias, recursos y momentos vitales, en contraposición a la imposición de rutinas rígidas y universales que ignoran la complejidad de la vida real.

La Dra. Samartín explora cómo la búsqueda incesante de un "bienestar perfecto" nos lleva a internalizar expectativas poco realistas. La sociedad nos bombardea con imágenes de cómo "deberíamos" vivir, desde la rutina matutina ideal hasta la alimentación impecable. Esta presión constante nos obliga a firmar un "contrato implícito" donde el cumplimiento de estos hábitos promete un estado de plenitud. Sin embargo, cuando la vida real interfiere con estas aspiraciones —ya sea por el trabajo sedentario, los horarios ajustados o las responsabilidades familiares—, no cuestionamos la validez de estas imposiciones, sino nuestra propia capacidad. Esto convierte el autocuidado en una fuente adicional de estrés y autoexigencia, en lugar de ser un alivio. Samartín aboga por desmantelar esta visión del bienestar como una meta inalcanzable y abrazar una aproximación más compasiva y realista, donde la escucha interna y la flexibilidad sean los pilares de nuestra salud mental.

Escuchar el Cuerpo y Revalidar el Placer en una Sociedad Agotada

En un entorno social donde la productividad es el valor supremo, escuchar las señales de nuestro cuerpo y permitirnos el placer sin culpa se ha vuelto un acto revolucionario. La idea de que "si quieres, puedes" aplicada a la salud mental, como señala Noelia Samartín, es profundamente dañina, ya que simplifica en exceso la complejidad de los factores que influyen en nuestro bienestar, ignorando el contexto, los recursos y la historia personal. Esta mentalidad genera culpa y sensación de fracaso cuando no se logran los objetivos, en lugar de fomentar una comprensión más holística y empática de nuestras limitaciones. La constante activación de nuestro sistema nervioso por amenazas diarias —desde correos pendientes hasta la comparación social— nos sume en un estado de hiperalerta que conduce al agotamiento crónico. La especialista enfatiza la necesidad de redefinir el descanso y el placer, no como recompensas merecidas o lujos, sino como componentes esenciales para nuestra supervivencia y regulación.

Samartín profundiza en la dificultad de soltar hábitos que, aunque teóricamente beneficiosos, se han convertido en una extensión de nuestra identidad. Nos aferramos a la imagen de "disciplinado" o "productivo", y abandonar un hábito se percibe como la pérdida de una cualidad valiosa, activando el sentimiento de culpa. En esta sociedad de rendimiento, el descanso se justifica con esfuerzo previo, perdiendo su esencia como necesidad fisiológica. Esto nos priva de la paz de detenernos sin remordimientos, internalizando la creencia de que nuestro valor reside únicamente en la producción constante. La psicóloga insta a reconocer las señales del cuerpo —fatiga persistente, irritabilidad, apatía— como valiosos indicadores de desajustes, en lugar de interpretarlas como debilidades. Escuchar el cuerpo implica un cambio de paradigma: ajustar nuestra vida a nuestras necesidades internas, en lugar de forzar nuestro ser a encajar en una agenda inflexible, promoviendo una cultura de autocuidado auténtico y sostenido.

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